Es de mañana y ya hemos desayunado. Aunque tengo los labios afectados aún por el clima. Me animo a escribir y empezar de una vez, después de algunos días de retraso, este documento que quedará como testimonio de las experiencias vividas por este limeño, durante el frío invierno alemán.
Un día más de locura, corriendo para ganarle al tiempo. Las cosas del trabajo ya estaban resueltas. Logré que me pagaran todo lo que me debían, además de una promesa de trabajo a mi regreso. Los asuntos del departamento también estaban resueltos. Faltaban pocas horas para que nuestro vuelo saliera del Perú y yo seguía en el departamento. Todo pasó tan rápido que parece que siempre me olvido todo. Bañados y con las maletas listas, salimos del departamento rumbo al aeropuerto. Ver las calles de Lima desde esta perspectiva de estar ausente por tres meses me hace sentir una nostalgia tardía que esperaba desde antes. La preocupación de saber si podría pasar todo el proceso de registro en el aeropuerto me alejan de la nostalgia, pero voy seguro de que todo saldrá bien…
En el aeropuerto.
Las medidas de seguridad en el aeropuerto son mucho más de lo que yo me imaginaba. Estamos haciendo la cola para ingresar recién al aeropuerto y cuando estamos a casi metro y medio de la puerta, empieza a sonar la alarma del reloj despertador que estaba en mi mochila. Que vaina! Parecía que llevaba una bomba conmigo! Me deshice del problema rápido y pasamos sin mayor novedad. Luego del registro, pago, inspecciones de rutina, etc, estamos listos para entrar a la sala de espera, pero estamos muy temprano y primero vamos a un restaurante del segundo piso. Me pregunto, qué es lo último que saborearé del Perú antes de partir y la respuesta llega en el acto: Inca Kola!!! Y luego una más!!!. Desde mi asiento veo las enormes máquinas estacionadas mientras otras aterrizan a lo largo de la tarde. Cómo pueden colar tremendos aparatos?. La luz del día se va, este será el último atardecer o anochecer limeño en bastante tiempo. La silueta de los aviones se funde en la oscuridad del horizonte y sólo unas pequeñísimas luces en la distancia adornan la noche. Ya es hora, vamos a la sala de espera! Ok, vamos!. Más chequeos, sello de salida en el pasaporte, etc. El área “Duty free” es muy bonito. Ok, sí mejor me llevo algo para leer porque serán cerca de 18 horas de vuelo en KLM, uf!. La sala de espera está casi repleta de turistas y demás personas. Quiero leer mi revista “Selecciones”, pero no puedo. Ya no tengo ni un céntimo de sol en el bolsillo, solamente dinero extranjero: Tienes un sol para que me prestes? Gracias! Voy al teléfono. Me contesta mi mami. Qué bonito, parece que la tengo a mi lado y casi la puedo abrazar. Todo saldrá bien mami, no te preocupes ya estamos listos para partir en una hora media más! El teléfono se corta cuando empiezo a hablar con mi papá… Tienes un sol más para que me prestes? Esta vez contesta Manolín. Qué bonito Manolín. Cómo quisiera que estés acá para que veas las cosas que he visto y que veré…! Adiós padrino, cuidate mucho! – Diviétete en tu cumpleaños y te estoy dejando un regalito de navidad, ok?. Mi papá me regala unos deseos de que todo salga bien y nos regala su bendición. Gracias papá, ya se me corta la línea, cuídate mucho, adiós! Me sentí extraño, pero no estoy solo y me refugio en mi compañía. Juntos todo saldrá bien. Luego de un rato, salimos caminando rumbo al avión de KLM que nos llevará a Europa.
(continuará…)
